Las Guarderías Laborales fracasaron desde el punto de vista educativo, por eso las cerraron. El espacio no es nunca el adecuado; la integración de niños y niñas con necesidades educativas especiales, imposible; se impide la inserción en el medio natural del niño, se rompen los vínculos que puede establecer la criatura con sus vecinos; no se facilita el descubrimiento del medio físico y social que necesitan niños y niñas en una etapa exploratoria de experiencias de primera mano, se les arrebatan los recursos socionaturales y culturales del entorno en el que vive su familia y en el que va a crecer y vivir los años siguientes. Un municipio que se desentiende de la infancia, que no asume subsidiariamente con la familia la crianza de los más pequeños ¿qué bienestar puede proporcionar? nuestro barrio tiene que ser un espacio de vida, comencemos cuidando la vida de los más frágiles, creando un espacio para ellos.
Extremamos los cuidados ofrecidos a los ositos panda o a los leones que nacen en el zoo de la Casa de Campo diseñando ecosistemas en los que puedan desenvolver su vida y crecer y madurar correctamente, ¿qué pasa?¿pensamos que nuestras criaturas son de plástico?
Necesitan desenvolverse en un espacio seguro, pasar mucho tiempo al aire libre. La felicidad de un bebe cuando le sacamos a dar una vuelta es una experiencia que prueba que no puede ser bueno meterle en un aula cerrada creada en una empresa y dejarle encerrado una larga jornada. ¿por qué pensamos que hay, después, tanta violencia en las aulas?¿será tal vez por los malos tratos que por ignorancia estamos infringiendo a los más pequeños?
Con honestidad. Vamos a pararnos y a mirar a niñas y niños pequeños, no es apropiado para un niño/a menor de tres años levantarse tan temprano para ir en transporte público o privado, hasta la otra punta, compartiendo el stress con su mamá o con su papá, y otros tantos miles de ciudadanos y ciudadanas que se desplazan a sus lugares de trabajo.
No es sano para un niño/a pasar fuera del hogar tantas horas como pasan sus familiares, que teniendo al niño en el trabajo, podrán aumentar sus horarios, sin problemas para conciliar vida familiar y vida laboral, sin prisas por ir a recogerlo. El entorno laboral no es el apropiado para la infancia, y el trabajo esta prohibido en España a los menores de 16 años, no impongamos horarios y espacios laborales a los más pequeños. No permitamos que sufran unas condiciones que ya son inhumanas para un adulto, en muchas ocasiones.
Encárguense los empresarios de acordar con el gobierno y los sindicatos, cómo harán para dar excedencias por crianza, y dejen que los educadores hagamos nuestro trabajo en la escuela. No queremos perder la independencia de la escuela siendo contratados por el mismo patrón que contrata a las madres y/o padres de nuestras criaturas. Nuestras direcciones deben serlo pedagógicas. Criamos niñas/os, no producimos en competencia y a bajo costo.
En la Escuela que ahora, la Comunidad de Madrid con su decreto quiere destruir, nuestras niñas y niños disponían de su aula con espacio amplio y organizada para satisfacer sus necesidades, estimular su curiosidad, facilitar su movimiento; amplios pasillos y vestíbulo donde las familias tenían un espacio de información y comunicación, en el que se organizaban bibliotecas o talleres, encuentros con niños y niñas de otros grupos; patio de juego, con aparatos especializados, arenero, acceso a la naturaleza, pequeñas huertas; sala de usos múltiples con una dotación para psicomotricidad, danza, música, dramatización, organizar fiestas, vivir en comunidad.
A solas, con el grupo de niñas y niños, la educadora no podrá realizar una acción educativa. La investigación educativa ha probado que un centro infantil debe cumplir ciertos requisitos, el número de alumnos total en torno a 100, agrupamientos por edades que faciliten una atención individualizada, un respeto a los ritmos individuales, pequeños grupos atendidos por una pareja pedagógica.
No puede una persona sola hacerse cargo de un grupo de niñas y niños menores de tres años, es de sentido común que el cuidado y el respeto a la vida de cada uno de ellos reclama una atención muy cuidadosa que una persona no puede asegurar: mientras cambia a uno su concentración en la tarea, su atención individualizada le impide atender al grupo. Niñas y niños pequeños necesitan a una persona que les de de comer, no que les lance la comida en corro a la boca. Comer, para un niño, es un acto de intimidad y relación personal, no se nos olvide, somos mamíferos, muy tiernos, necesitamos un trato muy cálido y personal.
El/la educador/a infantil tiene que realizar su tarea en equipo, con apoyo de equipos multiprofesionales de atención temprana, en estrecha colaboración con las familias. Pero con la intención de educar a cada niña, a cada niño, por eso se organizan los horarios respetando los ritmos individuales, los espacios y materiales para propiciar el desarrollo, la investigación infantil, el juego, el aprendizaje, y educa no en su casa, sino en un espacio especialmente diseñado para atender a las necesidades y características infantiles, sin barreras, adecuado a su nivel de desarrollo. La educadora es una pieza más en un engranaje, trabaja con otras compañeras en equipo, bajo una dirección pedagógica, realiza un trabajo de coordinación pedagógica, y recibe el apoyo de equipos multiprofesionales de atención temprana que permiten detectar los problemas del desarrollo en unos primeros momentos en los que el tratamiento tiene una mayor eficacia.
¿Quién va a apoyar a la educadora en el aula de su empresa?¿el gerente?¿el jefe de personal?¿el enlace sindical?¿el contable?¿la auxiliar administrativa?, ¿esa a la que le gustan tanto los niños?. Llegaran las mamás y papás y notaran la diferencia en el clima que respiran en sus despachos y naves y la calidez y serenidad del aula infantil, y pensarán que eso ya es prueba de que funciona bien, sin caer en la cuenta de lo mal que funciona la vida cotidiana en su lugar de trabajo y la competitividad y acoso imperante. Llegarán las mamás y papás y se pondrán muy contentos los críos, y ellos también. Dejarán las mamás y papás a sus pequeños cada mañana y verán que poco a poco se quedan contentos, y tranquilos. No nos hagan llorar, por favor. Niñas y niños no son seres muy graciosos, son seres humanos que merecen respeto y una educación digna, de calidad.
Extremamos los cuidados ofrecidos a los ositos panda o a los leones que nacen en el zoo de la Casa de Campo diseñando ecosistemas en los que puedan desenvolver su vida y crecer y madurar correctamente, ¿qué pasa?¿pensamos que nuestras criaturas son de plástico?
Necesitan desenvolverse en un espacio seguro, pasar mucho tiempo al aire libre. La felicidad de un bebe cuando le sacamos a dar una vuelta es una experiencia que prueba que no puede ser bueno meterle en un aula cerrada creada en una empresa y dejarle encerrado una larga jornada. ¿por qué pensamos que hay, después, tanta violencia en las aulas?¿será tal vez por los malos tratos que por ignorancia estamos infringiendo a los más pequeños?
Con honestidad. Vamos a pararnos y a mirar a niñas y niños pequeños, no es apropiado para un niño/a menor de tres años levantarse tan temprano para ir en transporte público o privado, hasta la otra punta, compartiendo el stress con su mamá o con su papá, y otros tantos miles de ciudadanos y ciudadanas que se desplazan a sus lugares de trabajo.
No es sano para un niño/a pasar fuera del hogar tantas horas como pasan sus familiares, que teniendo al niño en el trabajo, podrán aumentar sus horarios, sin problemas para conciliar vida familiar y vida laboral, sin prisas por ir a recogerlo. El entorno laboral no es el apropiado para la infancia, y el trabajo esta prohibido en España a los menores de 16 años, no impongamos horarios y espacios laborales a los más pequeños. No permitamos que sufran unas condiciones que ya son inhumanas para un adulto, en muchas ocasiones.
Encárguense los empresarios de acordar con el gobierno y los sindicatos, cómo harán para dar excedencias por crianza, y dejen que los educadores hagamos nuestro trabajo en la escuela. No queremos perder la independencia de la escuela siendo contratados por el mismo patrón que contrata a las madres y/o padres de nuestras criaturas. Nuestras direcciones deben serlo pedagógicas. Criamos niñas/os, no producimos en competencia y a bajo costo.
En la Escuela que ahora, la Comunidad de Madrid con su decreto quiere destruir, nuestras niñas y niños disponían de su aula con espacio amplio y organizada para satisfacer sus necesidades, estimular su curiosidad, facilitar su movimiento; amplios pasillos y vestíbulo donde las familias tenían un espacio de información y comunicación, en el que se organizaban bibliotecas o talleres, encuentros con niños y niñas de otros grupos; patio de juego, con aparatos especializados, arenero, acceso a la naturaleza, pequeñas huertas; sala de usos múltiples con una dotación para psicomotricidad, danza, música, dramatización, organizar fiestas, vivir en comunidad.
A solas, con el grupo de niñas y niños, la educadora no podrá realizar una acción educativa. La investigación educativa ha probado que un centro infantil debe cumplir ciertos requisitos, el número de alumnos total en torno a 100, agrupamientos por edades que faciliten una atención individualizada, un respeto a los ritmos individuales, pequeños grupos atendidos por una pareja pedagógica.
No puede una persona sola hacerse cargo de un grupo de niñas y niños menores de tres años, es de sentido común que el cuidado y el respeto a la vida de cada uno de ellos reclama una atención muy cuidadosa que una persona no puede asegurar: mientras cambia a uno su concentración en la tarea, su atención individualizada le impide atender al grupo. Niñas y niños pequeños necesitan a una persona que les de de comer, no que les lance la comida en corro a la boca. Comer, para un niño, es un acto de intimidad y relación personal, no se nos olvide, somos mamíferos, muy tiernos, necesitamos un trato muy cálido y personal.
El/la educador/a infantil tiene que realizar su tarea en equipo, con apoyo de equipos multiprofesionales de atención temprana, en estrecha colaboración con las familias. Pero con la intención de educar a cada niña, a cada niño, por eso se organizan los horarios respetando los ritmos individuales, los espacios y materiales para propiciar el desarrollo, la investigación infantil, el juego, el aprendizaje, y educa no en su casa, sino en un espacio especialmente diseñado para atender a las necesidades y características infantiles, sin barreras, adecuado a su nivel de desarrollo. La educadora es una pieza más en un engranaje, trabaja con otras compañeras en equipo, bajo una dirección pedagógica, realiza un trabajo de coordinación pedagógica, y recibe el apoyo de equipos multiprofesionales de atención temprana que permiten detectar los problemas del desarrollo en unos primeros momentos en los que el tratamiento tiene una mayor eficacia.
¿Quién va a apoyar a la educadora en el aula de su empresa?¿el gerente?¿el jefe de personal?¿el enlace sindical?¿el contable?¿la auxiliar administrativa?, ¿esa a la que le gustan tanto los niños?. Llegaran las mamás y papás y notaran la diferencia en el clima que respiran en sus despachos y naves y la calidez y serenidad del aula infantil, y pensarán que eso ya es prueba de que funciona bien, sin caer en la cuenta de lo mal que funciona la vida cotidiana en su lugar de trabajo y la competitividad y acoso imperante. Llegarán las mamás y papás y se pondrán muy contentos los críos, y ellos también. Dejarán las mamás y papás a sus pequeños cada mañana y verán que poco a poco se quedan contentos, y tranquilos. No nos hagan llorar, por favor. Niñas y niños no son seres muy graciosos, son seres humanos que merecen respeto y una educación digna, de calidad.
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