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Educador/a Infantil: una profesión nueva

En todas las Etapas Educativas, educar es un oficio, un arte y una ciencia con un comprometido código deontológico. Enseñar, a secas, es otra cosa. Los hay que enseñan dictando y suspenden a quien no repite como el eco. Se puede ser un gran enseñante y que ningún alumno aprenda nada, a pesar de estar en el aula con alguien tan brillante y tan académico, pero tan incapaz del descentramiento cognitivo y la empatía que requiere una persona para que otra pueda admitirte como maestro/a.

Durante los años sesenta y setenta no había una formación profesional específica para los que trabajábamos en Educación Infantil. La enseñanza preescolar, no es la Educación Infantil, y la diplomatura en Magisterio no incluía los conocimientos psicopedagógicos que requerías para trabajar en la época de la crianza de seres humanos, en pro de la educación y el desarrollo pleno y armónico.

En el proceso de enseñanza-aprendizaje, el aprendizaje depende del aprendiz y de la sensibilidad del enseñante para saber lo que ya sabe el alumno/a, lo que tiene que llegar a saber en plazo próximo, cómo ofrecerle unas experiencias de primera mano para que por ensayo y error, vaya construyendo su propio y significativo aprendizaje, cómo estimular su desarrollo para que no le falte capacidad, competencia, habilidades y destrezas para poder alcanzar el aprendizaje esperado.

La metodología del Primer Ciclo es muy específica, también lo es la del Segundo Ciclo, con aspectos comunes y otros diferenciales. El preescolar ocultaba una egeibización y una manera de entender la escuela como en el tiempo de María Castaña, cuando el profesor “transmitía conocimientos”, leer, escribir, rezar y las cuatro reglas, siguiendo esa metodología de “la letra con sangre entra”.

No era fácil crecer en tu profesión, aprender, formarte con la especificidad que necesitabas porque la Administración Educativa ofrecía una escasa Formación Profesional para Jardines de Infancia. Y no contábamos con un Plan de Formación Permanente del profesorado.

Mucho estamos en deuda con la Asociación Rosa Sensat, con la Editorial Kapelusz, con el Movimiento Cooperativo, y otras asociaciones que no recuerdo. Después se creó Acción Educativa, y empezaron a proliferar, impulsadas por distintos Movimientos de Renovación, Escuelas de verano, otoño o primavera que daban la posibilidad de intercambios horizontales y de divulgar los logros innovadores conseguidos por los prácticos/as.

Avanzaba en España la implantación de la democracia. Los Ayuntamientos asumían y engullían a los movimientos sociales espontáneos, convirtiéndoles en concejalías, centros culturales, etc. La Comunidad de Madrid recibió transferencias en materia de Educación Infantil. La Directora General tomó contacto con el movimiento de educadoras, con la Directora del INCIE, se inició un proceso de inspección de centros, formación de trabajadoras, análisis de la situación de los centros y bases para crear la Red pública de Escuelas Infantiles. Fue la Comunidad Autónoma de Madrid quien primero inició y antes terminó el Plan de Habilitación, de manera que cuando implantaron la LOGSE, en Madrid ya habíamos conseguido reformar las escuelas, poner al día los edificios, crear equipos educativos coordinados. Viajaron los técnicos del Ayuntamiento de Madrid a Regio Emilia para aprender del modelo municipal de Educación Infantil. Trajo la Comunidad de Madrid la Exposición el Ojo salta el Muro.

El Plan de Habilitación acordado por la Dirección General y los Sindicatos, fue encargado a ponentes y tutoras que llevaban años comprometidas con la innovación de las Escuelas 0-6, permitió recoger ricas experiencias que se habían venido poniendo en marcha hasta ese momento. Finalizaba la Habilitación cuando cada educadora realizaba una investigación-acción de su propia práctica, elegía un aspecto para mejorarlo, se hacia su plan, lo desarrollaba y evaluaba con su tutora, y de la autorreflexión y la autocrítica individual y grupal, surgía una nueva experiencia de trabajo en equipo, de autoestima profesional, de autovaloración de la tarea diaria, de comprensión de las necesidades y maneras de ser de la infancia. A la vez pudimos ver cómo se transformaban los centros, los edificios, se construían nuevas escuelas, se mejoraban las existentes, se creaba la Red de Casas de los Niños.

Paralelamente, en todas las zonas de Madrid, se había puesto en marcha, desde la Consejería y con acuerdos con algunos Ayuntamientos, y con el MEC, un amplio movimiento de reflexión educativa que dio pie a la elaboración del Anteproyecto de Educación Infantil. Muchas/os educadores/as y maestros/as, con el apoyo de los técnicos del Ministerio y de la Comunidad fuimos creando juntos significados culturales compartidos relativos a qué enseñar, cómo enseñar, cuándo enseñar. Juntos estudiamos los borradores del Diseño Base, juntos hicimos nuestras aportaciones y alegaciones. Todo el sector quedó implicado en la elaboración de los materiales para la reforma. Participamos con entusiasmo y activamente en los cursos de formación, en las jornadas de intercambio, de la Escuela de Educadores. Hemos conseguido que nos aceptasen en los Centros de Profesores, somos la Etapa que con más asiduidad nos formamos. Sabemos que se requiere mucha más investigación y aplicar los nuevos conocimientos en la tarea educativa. No podemos permitir que nos impidan hacer nuestro trabajo con dignidad y siguiendo orientaciones acientificas.

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